Cuidando el garbanzo de plagas y malezas

Cuidando el garbanzo de plagas y malezas

Cada vez más productores se vuelcan al garbanzo como alternativa del trigo en la rotación. Identificar y conocer cómo controlar las plagas y malezas de este cultivo es fundamental para garantizar su calidad.


#SUMATE AL CONOCIMIENTO 


La demanda de garbanzo (Cicer arietinum L.), está en pleno crecimiento a nivel mundial, por eso, desde SIGMA AGRO compartimos técnicas para su cuidado como un aporte para consolidar y expandir su potencial.

El garbanzo es una leguminosa de invierno, que se adapta muy bien a la siembra directa y soporta un rango amplio de temperatura, tolerando heladas. Es una planta de hábito de crecimiento indeterminado, la inducción a floración se da por suma térmica y alargamiento del día. Tiene un sistema radicular muy potente, capaz de superar los 2 metros de profundidad, para tomar agua y nutrientes. La porción de nitrógeno que necesita lo cubre a través de la fijación simbiótica, por lo tanto es recomendable una correcta inoculación con un producto específico. Además, por este motivo lo pueden suceder en la rotación tanto gramíneas como leguminosas sin problemas.

Se recomienda que el cultivo antecesor desocupe el lote lo antes posible para poder tener un perfil bien cargado de humedad (sojas grupo cortos, girasoles, maíces precoces, etc.).

Tipos presentes en Argentina

El garbanzo es una especie dicotiledónea, perteneciente a la familia de las fabáceas (papilionáceas). Se distinguen dos tipos de garbanzo fenotípicamente diferentes: Desi y Kabuli, que se asimilan a la división de la especie cultivada en las razas: microsperma (Desi) y macrospema (Kabuli).

Kabuli: produce semillas de tamaño grande y colores claros (blanco, crema, amarillo o anaranjado); redondeados y arrugados, con flores no pigmentadas. Corresponde al tipo de garbanzo más cultivado en Argentina.

Desi: produce semillas más pequeñas, de color más oscuro debido a que el tegumento presenta fenoles. Las flores y los tallos son, generalmente, pigmentados, y en algunas ocasiones también las hojas.


Malezas

No es un cultivo competitivo con las malezas debido al lento crecimiento y a la limitada área foliar durante las primeras etapas de crecimiento, cediendo espacio, luz y recursos a los nacimientos primaverales de malezas. Por eso, los problemas causados por las malezas han demostrado ser la principal limitante para la obtención de altos rendimientos en el cultivo, incluso un factor clave en la comercialización como el manchado de grano.

El garbanzo presenta una gran sensibilidad a los herbicidas, siendo por ello más tolerante a los herbicidas aplicados al suelo en pre-siembra o pre-emergencia que a los aplicados en post-emergencia.

El período crítico de interferencia con las malezas puede extenderse desde 2 hasta 6 semanas luego de la emergencia y las pérdidas pueden oscilar entre un 13 y un 94 %. Un control eficaz durante este período, redundará en incrementos en el rendimiento.


Por su ciclo, las principales malezas que pueden afectar al cultivo de garbanzo son especies de ciclo otoño-inverno-primaveral como Urtica urens, Brassica campestris, Capsella bursapastoris, Lamium amplexicaule, Bowlesia incana, Polygonum aviculae, Carduus spp., Conyza spp., Lolium multiflorum, Bromus unioloides, Avena spp., entre otras.

Diversos ensayos detectaron que el garbanzo presenta gran sensibilidad a herbicidas, con una mayor tolerancia a los aplicados al suelo (pre-siembra o pre-emergencia) que a los herbicidas pos-emergentes, especialmente a los destinados al control de malezas latifoliadas.

Dadas estas limitaciones al empleo de herbicidas de post-emergencia, en los planteos de siembra directa, es imprescindible el control de las malezas previo a la siembra, para lo cual el empleo de herbicidas de acción total (no selectivos) como el glifosato, glufosinato o el paraquat sería apropiado.

Dentro de los herbicidas residuales, podemos contar con las dinitroanilinas (trifluralina, pendimetalina); a triazinas (metribuzín, prometrina, terbutrina); urea (linurón); isoxasoles (isoxaflutole); aril-triazinonas (sulfentrazone); imidazolinonas (imazetapir).
Por el lado de los herbicidas postemergentes, el panorama es más limitado, preferentemente graminicidas selectivos post-emergentes y al piridato como latifolicida.

Plagas

Es clave proteger el cultivo ante los insectos. Actualmente hay más de 15 diferentes especies, dentro de los cuales podemos destacar los coleópteros, dípteros, hemípteros entre otros. El complejo de orugas es la principal amenaza que genera daños importantes al garbanzo, donde se destaca la oruga bolillera (helicoverpa gelotopoeon), nombre derivado a que se recubre de una ceda.

Las larvas realizan un pequeño orificio en la vaina globosa (cascabullo) de donde se alimentan del grano en formación, pasando de una vaina a otra sin ingerir hojas, que justamente es donde depositamos la mayor proporción de insecticidas con la pulverizadora. Este hábito, hace prácticamente imposible su control al momento de observarse las orugas en nuestro cultivo. Tanto el contacto, la ingestión como la tensión de vapor de cualquier insecticida, no garantiza su control. Y al ser una plaga que se alimenta tanto de hojas, como de tallos, flores y granos, su agresividad y capacidad de daño son muy importantes.

Por otro lado, no debemos dejar de prestar especial atención al caracol, que ataca en etapas temprana del cultivo. Los controles más eficientes se logran con cebos compuestos con metaldehídos.

El cultivo de garbanzo es un producto de consumo directo, por lo tanto las exigencias en cuanto al residuo de insecticidas dependen del mercado al cual van destinados. En determinados mercados, el aspecto de grano es muy considerado, y mantienen altas exigencias en cuanto al manchado, partido, etc.

Para garantizar la calidad del grano, es importante determinar la aplicación de fungicidas no sólo en estado vegetativo, sino también en el reproductivo inicial (r3).

Un factor importante es el momento justo para realizar la defoliación. Esta debe realizarse en el momento en el que el grano cuente con la humedad requerida para la exportación. En este sentido logramos dos productos diferentes, que se definen dependiendo de exportación. Tener en cuenta los límites máximos de residuos (LMR), sabiendo que el glufosinato es más lento para el secado (12-15 días), mientras que paraquat es más rápido (7-10 días), en tales casos una vez pasado ese tiempo en cada producto sigue perdiendo humedad.

Siempre es recomendable realizar la cosecha con máquinas axiales, que dañan menos los granos, logrando una más alta calidad para la exportación.

 

Para más información comunicarse con el departamento técnico de SIGMA AGRO.

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