Residuos en el tanque, un enemigo oculto

Residuos en el tanque, un enemigo oculto

Hay muchos casos con serios problemas de fitotoxicidad en cultivos extensivos. Uno de los principales factores de esta problemática deriva en el incorrecto lavado de los equipos pulverizadores luego de cada aplicación. Compartimos algunos consejos para evitar sorpresas en nuestras aplicaciones

 

La agricultura actual obliga a los productores a ser sumamente eficientes a la hora de llevar a cabo las aplicaciones agrícolas. Debiendo garantizar que la inversión en la aplicación cumpla con su objetivo, logrando el mejor control posible.

La existencia de estos residuos surge de restos de productos de aplicaciones pasadas, alojados generalmente en los pliegues y rugosidades de los tanques de las pulverizadoras. Esta situación es muy común, principalmente cuando al finalizar las aplicaciones no se realiza el correcto lavado. Otro factor que impacta negativamente es el uso de cada vez menores volúmenes de agua, siendo los caldos cada vez más concentrados, lo que aumenta el riesgo de fitotoxicidad en equipos mal lavados.

El tipo de tanque de la pulverizadora también es un factor importante, ya que cuánto más lisos sean en su interior más fácil será eliminar los restos de aplicaciones anteriores. En este sentido los tanques de acero inoxidable y los rotomoldeados son superiores que los de plástico reforzado en fibra de vidrio (PRFV). Cuantos menos ángulos tengan mejor, ya que es donde se juntan los restos de los fitosanitarios. Los riesgos aumentan cuando trabajamos con polvos mojables o con floables.

Estos residuos se convierten entonces en un enemigo oculto hasta que en una nueva aplicación, los diferentes ingredientes activos se liberen impactando negativamente en nuestros cultivos.

El eficiente lavado de los equipos es, entonces, un aspecto a considerar muy seriamente.

 

Evitando los residuos 

Debido a este problema, al no realizar el lavado de la maquina pulverizadora, dejando residuos en el tanque, podemos llegar a ocasionar y provocar la muerte de nuestro cultivo.
Por lo tanto es necesario saber que ciertos productos solos o en mezclas, después de un tiempo de reposo se pegan al tanque pulverizador y no son removidos con un simple enjuague con agua. Por lo que en una posterior aplicación es posible que al contacto con un nuevo vehículo se liberen, activándose y modificando el efecto final de la aplicación.

La primera etapa de cualquier lavado es, precisamente, el enjuague, y no debe confundirse con el lavado. La rutina de enjuague cotidiano nos evita en gran medida la aparición de incrustaciones y residuos que luego son muy difíciles de eliminar.

El lavado es algo mucho más profundo y debe garantizar la ausencia total de remanentes en el equipo. Es importante incorporar el lavado como una práctica obligatoria que debemos realizar con mayor periodicidad, principalmente cuando pasamos a trabajar en cultivos diferentes después de haber aplicado herbicidas.

El lavado se realiza cargando el tanque a una capacidad cercana al 20 -25%, con agua limpia. Una vez llenado el tanque con la cantidad de agua adecuada, se procede a activar el sistema de limpieza o el sistema de retorno, el cual generará que el líquido presente en tanque se movilice por todos los conductos de la maquinaria. Atendiendo que estén colocadas las boquillas de enjuague, lo dejamos trabajar por unos 15 minutos aproximadamente. Algunos productos llevan una demanda de tiempo mayor. Este procedimiento deberá repetirse al menos dos veces más.

Luego, debemos vaciar el tanque, pulverizando el líquido en algún lugar donde no cause ningún problema y no pueda afectar ni a cultivos ni a espejos de agua. Lo ideal es contar con un playón de limpieza, para realizar correctamente esta tarea.

 

Finalizado este proceso, comienza el lavado propiamente dicho. Existen muchas propuestas de limpiadores en el mercado que indican en cada caso el procedimiento a seguir y especifican sobre qué tipos de productos trabajan mejor. Algunos ensayos realizados en el INTA, demostraron que en general cumplen satisfactoriamente con su función. Aunque en algunos casos la cantidad de espuma generada fue tanta que dificultó mucho los trabajos de limpieza.

En caso de no disponerse de algún limpiador específico, los sistemas de triple enjuague con agua han demostrado buenos resultados. En situaciones con abundantes residuos, o de tanques muy rugosos, siempre es recomendable realizar el sistema de triple enjuague agregando cloro o amoníaco al 1-2 %.
Finalmente retiramos todos los filtros, tanto de línea como individuales, y las pastillas de pulverización para su limpieza bajo una canilla con un cepillo de cerdas suaves.

La limpieza de los equipos no es un proceso complicado, pero requiere de tiempo, dedicación y esfuerzo. Lo importante es saber que un enemigo puede estar alojado en nuestros tanques y al no realizar el correcto lavado, podemos poner en riesgo nuestros cultivos.


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